
Los líderes de las organizaciones masónicas mexicanas siguen entrampados en tiempos pretéritos. Piensan que la sociedad mexicana es como la que los masones vieron en el siglo XIX; es decir, una sociedad de clases sociales y sin instituciones políticas establecidas.
En esos tiempos, las Logias hicieron el papel de partidos políticos, pues estos no existían. Los militares, los clérigos y los nobles que aún quedaban, los peninsulares, los criollos y los mestizos, carecían de plataformas para proponer y defender sus intereses de clase social. Las únicas asociaciones no eclesiales, castrenses o gubernamentales que existían, durante todo el siglo XIX y aún entrado el XX, eran las Logias. Tampoco habían las ahora denominadas organizaciones no gubernamentales, ni los clubes sociales. Solo existían las Logias, mal llamadas por sus adversarios "sociedades secretas".
Los proyectos de nación que entonces se debatían -el federalismo y el centralismo- fueron debatidos en el Congreso por individuos sin filiaciones partidistas, propiamente dichas. Solo les caracterizaba su propia identidad de sacerdotes, militares o simples ciudadanos. Que fueran federalistas y republicanos (Yorkinos), o centralistas y proborbónicos (escoceses), era cosa más de bandos y de facciones que de partidos políticos en el sentido moderno de la expresión. Y esto no obstante que en Europa y en los Estados Unidos los partidos ya existían como instituciones. Entrado el siglo XIX el debate mutó entre conservadores y liberales.
Entrado el siglo XX, y desde finales del XIX, la sociedad mexicana dio giros asombrosos en su estructura; su fisonomía también presentó nuevos matices y rasgos. Ahora, además del clero y los militares, existían los burócratas, los campesinos, los obreros y los civiles en proporciones más visibles y emergentes. Las contradicciones sociales, sobre todo las originadas en el sector agrario, propiciaron la Revolución de 1910, motivada, como todas las revoluciones, por la injusticia social, la pobreza y la marginación.
Aún así, México seguía siendo una nación sin partidos como instituciones formales dedicadas a la política. Los partidos políticos, una vez presentes en la vida pública de país, tienen entre sus funciones las de postular y promover ideas y programas sociales, ideológicos y programáticos, que los gobiernos emanados de ellos y del voto popular, deben convertir en políticas públicas.
Las Logias, y sus Grandes Logias, cumplieron su función en los tiempos fundacionales del Estado Mexicano. Ahora corresponde a los partidos políticos hacer lo que deben hacer, que para eso el pueblo les financia con recursos fiscales. Por su parte, las organizaciones masónicas deben dedicarse a lo que su esencia y fines les impone, esencia y fines que todo masón instruido debe saber con suficiencia. Por demás esta decir que no debe confundir tampoco la masonería con sus organizaciones.
Entonces, ¿de dónde obtienen los líderes de las organizaciones masónicas mexicanas que éstas deben tener presencia en el gobierno y en la política nacional?, ¿son acaso las Logias y Grandes Logias organizaciones públicas o incluso de interés público? Desde luego que no. Las Instituciones masónicas son privadas y de interes exclusivamente privado.
¿Que legislación mexicana autoriza a las instituciones masónicas nacionales a involucrarse, como tales, en la política, cuando ésta se halla exclusivamente reservada a los ciudadanos y a sus instituciones, legalmente establecidas para el efecto?
Las organizaciones masónicas -Logias y Grandes Logias- estan ciertamente formados por masones; pero éstos, fuera de sus Logias, y una vez desprovistos de sus mandiles y regalia oficial masónica, son ciudadanos como todos, y como tales, si que tienen derecho de ser políticos y actuar políticamente. Pero la pregunta es ¿dónde?
Pues en los partidos políticos esencialmente, y luego en las estructuras gubernamentales. Pero las Logias y las Grandes Logias, nada tiene que ver con esto.
Las Instituciones masónicas deberían dedicarse a lo que son en esencia y sus líderes a hacerlas crecer y desarrollarse como tales.
Por eso, la política es para los políticos, y la Masonería para los masones. Pero hay muchos masones y masonetes que no quieren entender esto, y anhelan, a toda fuerza, ser protagónicos dizque para que la Masonería "salga de sus cuatro paredes" y para todo aducen el avance de la derecha y del clero político.
Parece que los masones deben ser más activos en la vida política del país para defender las ideas juaristas y liberales. De eso no nos queda la menor duda. Y para ello, deben actuar desde las organizaciones hechas precisamente para tales fines. Pero también los masones deben ser empresarios y emprendedores para generar empleo, y no solo para emplearse como burócratas (medianos o altos) y hacerse ricos a costa del pueblo.
Asi de simple!






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