DOCUMENTAL

viernes 18 de septiembre de 2009

EL TRABAJO SUSTANTIVO DE UN GRAN MAESTRO DE LA MASONERÍA


Por Cuauhtémoc D. Molina García

Las organizaciones —como las Grandes Logias y sus sufragáneas—existen para cumplir objetivos, expresados muchas veces como propósitos, o bien como fines. El trabajo directivo de sus Grandes Maestros debería estar guiado por estos objetivos generales, convenientemente desglosados en particulares o específicos. La consecución de estos objetivos solo es posible si los dirigentes son capaces de ver y proponer estrategias pertinentes para lograrlos exitosamente. Tales estrategias deben diseñarse dentro del marco de los recursos disponibles, así como de la estructura organizacional con la que se cuenta.

Una Gran Logia expresa sus objetivos a partir de sus documentos constituyentes —Constitución, Reglamentos, Estatutos, etc.—y a partir de ellos los Grandes Maestros construyen sus planes de trabajo y sus programas de acción. Entre los objetivos, las estrategias y las acciones a realizar debe haber congruencia y alineación, de modo que todos los esfuerzos generados tengan una razón lógica de ser y una contribución uniforme de todos los involucrados en el trabajo.

Naturalmente, ningún dirigente actúa con lógica y congruencia si carece de un programa de trabajo en el que se indiquen con claridad los objetivos a lograr y las estrategias necesarias para conseguirlos. Pero una Gran Logia solo puede tener objetivos que respondan a la razón de ser la Masonería, y estos objetivos —si en verdad son masónicos—deben contribuir a lograr los grandes fines de la Masonería.

Las Grandes Logias son organizaciones; la Masonería, en cambio, es pensamiento y sistema de filosofía. Las organizaciones masónicas deben ser capaces de lograr los fines de la Masonería, tanto entre sus miembros como entre la comunidad. Por regla general, las Grandes Logias Regulares tienen como finalidad hacer de los buenos hombres, mejores hombres. ¿Por qué? Porque la Masonería es una propuesta de construcción del hombre a partir de los grandes principios de la moral. Precisamente por eso se le define como un sistema de moral velado por alegorías e ilustrado por medio de símbolos.[1] Este sistema tiene por propósito educar al hombre en los principios de la moral que los símbolos muestran. Por lo tanto, un Gran Maestro tiene que partir de esta premisa básica para formular sus propuestas—cuando es candidato— y para construir su Programa de Trabajo cuando ya esta instalado en la Silla.

No obstante, muchos Grandes Maestros se proponen objetivos del todo ajenos a los propiamente masónicos, definidos tanto por la Tradición, como por la Regularidad y la ortodoxia. Este es el caso de Grandes Maestros que anhelan conseguir objetivos propios de universidades, de partidos políticos o bien de organizaciones civiles profanas. Algunos pretenden luchar “contra el avance de la extrema derecha”, otros quieren trabajar para “detener al clero político”, y otros más para consolidar los principios juaristas y los del Estado laico. Los hubo que quisieron instalar maquiladoras para crear empleo y otros que consideran que sus Grandes Logias deben dar cursos de fontanería, primeros auxilios y carpintería.

Pero, ¿cuál es la actividad sustantiva de la Masonería, y por tanto, de las Grandes Logias?

Si se desconoce la esencia de la Masonería, sus principios, tradiciones, enseñanzas y métodos de trabajo ritual, simbólico y filosófico, jamás se podrá tener una idea clara de su Misión. Si los aprendices llegan a maestros sin el conocimiento cabal de la esencia masónica, cuando lleguen a Grandes Maestros querrán que sus Grandes Logias se dediquen a trabajar para lograr objetivos insustanciales y ajenos a su naturaleza esencial. Serán estos los Grandes Maestros que buscarán desesperadamente asomarse por los medios masivos de comunicación —radio, prensa y televisión— para vociferar en contra del gobierno, de la iglesia, de los curas, de los reaccionarios, así como para postular que el liberalismo es la causa y la razón de ser de la Masonería. Serán estos los Grandes Maestros que buscarán equiparar y establecer una peregrina igualdad entre Masonería, liberalismo y juarismo, en el caso mexicano. Serán estos los Grandes Maestros cuyos discursos profanarán la Masonería, rediciéndola a propuestas sociopolíticas para las cuales los partidos son competentes, pero no las Grandes Logias.

Cuando un Gran Maestro ignora la razón de ser del Arte Real, pierde no solo los rumbos y las coherencias, sino también los estribos. Con un Gran Maestro así, todos perdemos...

[1] A. G, Mackey.